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cerrar este libroRespuesta de la Salud Pública a las Armas Biológicas y Químicas - Guía de la WHO - Segunda Edición (OPS; 2003; 302 paginas) [EN] [RU] Ver el documento en el formato PDF
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Ver el documentoLista de colaboradores
abrir esta carpeta y ver su contenido1. Introducción
abrir esta carpeta y ver su contenido2. Evaluación de la amenaza a la salud pública
cerrar esta carpeta3. Agentes biológicos y químicos
abrir esta carpeta y ver su contenido3.1 Grupo representativo de agentes
Ver el documento3.2 Diseminación de los agentes biológicos y químicos
abrir esta carpeta y ver su contenido3.3 Vías de exposición
Ver el documento3.4 Características de los agentes biológicos
Ver el documento3.5 Características de los agentes químicos
abrir esta carpeta y ver su contenido3.6 Consecuencias del uso de armas biológicas o químicas
Ver el documento3.7 Evaluación y conclusiones
Ver el documentoBibliografía
abrir esta carpeta y ver su contenido4. Preparación y respuesta en salud pública
abrir esta carpeta y ver su contenido5. Aspectos legales
abrir esta carpeta y ver su contenido6. Fuentes internacionales de asistencia
abrir esta carpeta y ver su contenidoAnexo 1: Agentes químicos
abrir esta carpeta y ver su contenidoAnexo 2: Toxinas
abrir esta carpeta y ver su contenidoAnexo 3: Agentes biológicos
abrir esta carpeta y ver su contenidoAnexo 4: Principios de protección
abrir esta carpeta y ver su contenidoAnexo 5: Precauciones contra el sabotaje de agua potable, alimentos y otros productos
abrir esta carpeta y ver su contenidoAnexo 6: Fuentes de información
Ver el documentoAnexo 7: Afiliación de los estados miembro de la OMS a los tratados internacionales sobre armas químicas y biológicas
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3.2 Diseminación de los agentes biológicos y químicos

Cuando se libera un agente químico o biológico, la naturaleza y el grado de peligro dependen de una multitud de factores que incluyen, entre otros, el agente y la cantidad liberada, el método de diseminación, factores que influyen en su toxicidad, contagiosidad o virulencia durante y después de su liberación, su desplazamiento y dilución en la atmósfera y el estado de protección y susceptibilidad de las personas expuestas. Usualmente se distinguen dos tipos de riesgo general, a saber, riesgo por inhalación y riesgo por contacto, con implicaciones diferentes para la protección (véase Capítulo 4). Aquí se presenta un breve resumen de los métodos de diseminación por vía aérea de agentes biológicos y químicos que pueden implicar un riesgo por inhalación o por contacto para personas sin ninguna protección. En este estudio se consideran también otros métodos de diseminación de agentes, inclusive la diseminación por medio del agua potable y de los alimentos. Para los agentes biológicos también existe la posibilidad de usar vectores artrópodos.

Los métodos de diseminación aérea dependen de las propiedades físicas y químicas del material que se va a liberar, incluso aquéllas que pueden causar la descomposición o inactivación de los químicos o toxinas o, para los agentes infecciosos, la pérdida de viabilidad o cambios más sutiles que afectan primordialmente la virulencia.

Si se diseminan en forma de vapor, líquido o partículas sólidas suficientemente pequeñas, los agentes químicos pueden crear un riesgo por inhalación, depositándose como un rocío que se evapora mientras está en el aire o después de tocar las superficies. En el caso de algunos agentes, los vapores o las partículas que se inhalan también pueden representar un peligro para las membranas mucosas sensibles, especialmente las de la conjuntiva. Los agentes químicos capaces de actuar percutáneamente pueden constituir un riesgo por contacto con aspersiones de agentes menos volátiles depositados directamente sobre las personas o sobre superficies con las que puedan entrar en contacto. Un agente químico se puede diseminar mecánicamente al rociar o romper un contenedor, con el uso de explosivos o por un proceso térmico en el cual se use una composición pirotécnica como fuente de calor. La diseminación pirotécnica es eficaz solamente para agentes resistentes al calor y que no sean combustibles, los cuales se pueden evaporar inicialmente y, luego, condensarse en el aire como una suspensión de partículas inhalables, originando principalmente un riesgo respiratorio o para la conjuntiva.

Los agentes infecciosos constituyen peligro fundamentalmente por inhalación, aun aquéllos cuya vía natural de infección no es ésta. El riesgo de muchos agentes infecciosos es mayor si alcanza a la población blanco en forma de partículas de tamaño aerodinámico, que son lo suficientemente pequeñas para penetrar a los alvéolos en las profundidades del pulmón, aunque, por lo general, la mayoría no logran depositarse y son exhaladas. El contacto con un agente infeccioso y su entrada al cuerpo a través de una lesión o por las membranas mucosas también puede representar un riesgo, aunque generalmente menor. Los agentes infecciosos se pueden diseminar como partículas inhalables en forma de partículas pulverizadas, por medio de explosivos o por rociadores u otros mecanismos especialmente diseñados para producir partículas inhalables.

Las partículas pequeñas pueden alcanzar velocidades de sedimentación gravitacional tan bajas que su desplazamiento en la atmósfera es similar al de una nube de vapor. Una nube de partículas de este tipo es una suspensión coloidal de materia en el aire que se conoce como aerosol. La velocidad de sedimentación de los vapores y los aerosoles depende no de la gravedad sino más bien de las fuerzas físicas y químicas que puedan unir las moléculas o partículas a las superficies específicas con las que entren en contacto, por lo que la velocidad con que se desprenden de la nube también depende de la rugosidad de la superficie y de los factores meteorológicos. El diámetro aerodinámico efectivo es la medida de tamaño apropiada para determinar la propensión a la sedimentación y compactación de las partículas pequeñas. Solamente para partículas de una densidad dada, el diámetro aerodinámico efectivo se reduce al tamaño. Esta distinción puede ser importante para los materiales liofilizados que son en su mayor parte huecos o para agentes químicos muy densos. El viento y otras perturbaciones mecánicas pueden volver a suspender las partículas depositadas, aunque en cantidades seguramente mínimas que vuelven a caer al suelo o se unen a otras partículas de mayor diámetro. En consecuencia, la exposición a partículas inhalables que resulten de este proceso generalmente será mucho menor que la causada inicialmente por la nube.

Cuando el viento transporta una nube de partículas o de vapor, las corrientes en remolino de la atmósfera hacen que se extienda horizontal y verticalmente (hasta la cima de la capa atmosférica de mezcla, si se encuentra presente), a una velocidad que depende principalmente del grado de turbulencia atmosférica, lo cual disminuye las dosis a medida que aumenta la distancia de la fuente de emisión. No obstante, si la atmósfera es relativamente estable, y según sea la naturaleza y la cantidad del agente, las dosis pueden llegar a niveles peligrosos aún a muchos kilómetros de distancia de la fuente en la dirección del viento.

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