Este capítulo ha presentado una introducción de la amplia gama de agentes químicos e infecciosos que se podrían utilizar con fines hostiles. Ha propuesto que un grupo relativamente pequeño de agentes, identificado a través del proceso de evaluación descrito, debe constituir el foco de las medidas de protección, con lo que se concluye que la preparación es posible prácticamente para todos los agentes.
De los diversos métodos disponibles para la liberación de agentes biológicos y químicos, el mayor riesgo lo entraña su diseminación en forma de aerosoles o, para algunos químicos, como vapor. El equipo de protección respiratoria y los medios para predecir la potencial diseminación del agente por el aire permiten tomar medidas oportunas de protección en las áreas que pueden resultar afectadas.
La exposición de la piel es un problema que se relaciona más que todo con los agentes químicos y que usualmente sólo se presentaría en la vecindad inmediata del sitio de liberación. En este caso, los trajes protectores son un elemento importante de protección. Se puede requerir la protección de la piel contra la exposición directa a líquidos y a concentraciones altas de vapores. Si existe un riesgo de vapores, también se requerirá protección respiratoria con el uso de filtros de adsorción y en algunos casos puede ser eficaz la evacuación de las personas del área de riesgo.
Al entender las propiedades generales y las consecuencias potenciales del uso de agentes biológicos y químicos, se puede lograr un abordaje equilibrado para la preparación. Un programa de preparación debe hacer provisiones no sólo para la contingencia inmediata, sino también para las posibles consecuencias a largo plazo.